martes, 3 de diciembre de 2013

Recensión acerca de "Ensayos sobre Hudson" de Ezequiel Ambrustolo




  
La estética de la contemplación, con ser paradigmáticamente religiosa en el sentido estricto y más elevado del término, es eminentemente afirmativa. La conciencia religiosa, no obstante ello, en cuanto  a sus expresiones concretas, es profundamente antinómica. La batalla monumental entre el bien y el mal, entre el mundo caído y enfermo y las alturas ideales de su ser reintegrado, se desata y arrastra los elementos mundanales en el torbellino universal de la  conflagración.
La belleza de la contemplación, tratada en estos ensayos por nuestro autor, se basa en una estética común, ya desarrollada en su obra: ésta es la estética de la ruptura. Ruptura que es interrupción, no es huida sino liberación, en un situarse un poco más acá de todo conflicto y determinación. Interrupción que, en sentido estricto, ni afirma ni niega, sino más bien se substrae a toda forma de ser modalizado, permaneciendo en esencia otra cosa, por completo distinta de lo que nos enseña la experiencia de nuestra dinámica cotidiana. En tanto tal, justifica la vida y el mundo, sin mencionarlos, colocándose sobre ellos, pero no por donde pudiera dominarlos o juzgarlos, sino en un más acá de la distinción, hacia las formas integrales, incontaminadas, del mundo (lógicamente) anterior a la consistencia de las cosas en su realidad y determinación:

En la teología hudsoniana la creación entera guarda la felicidad sagrada del origen, donde ningún tipo de especulación metafísica ya es posible: el cardenal es el primer cardenal, y el ombú del caserío el primero de los ombúes. Parece como si Hudson en sus libros nunca se hubiera enterado que la creación está dañada por el pecado del hombre y por su vanidad. En su teología, la Creación no gime esperando su fin, sino que alaba por el estado actual en que se despliega, virgen y perfecta.

Nuestro autor contrapone, con mucha razón, la inteligencia instrumental, producto occidental, orientada hacia la explotación práctica de los objetos del mundo circundante[1], con la contemplación que se delecta, a través de la belleza de lo sensible, en el misterio revelador subsistente en el mundo de las formas. Revelación inteligible del ser misterioso de las expresiones sensibles, maneras incompatibles de orientarse el ser inteligente hacia su objeto. La primera, eminentemente práctica y utilitaria, despuntó en Occidente con el alba de la Modernidad en el Renacimiento. La segunda, predominantemente tradicional, más allá del velo de realidad que encubre el ensueño empañado de rocío un paisaje misterioso del Oriente profundo, se eleva a la forma sublime de la plegaria:

En una ocasión, escuche decir a un sacerdote que una de las maneras mas sencillas de contemplar y de rezar, consiste en nombrar a los pájaros que se nos aparecen cuando caminamos: aquel es un jilguero, aquella una calandria, el prepotente canto que viene de la cima pertenece a un benteveo, el que camina graciosamente, cómo yéndose a caer es el hornero.

La profundidad de la crítica que delinea una nítida y particular orientación religiosa y estética, se torna inquietante cuando el trabajo de Ezequiel Ambrustolo se ocupa de la crítica histórico-social de nuestra civilización. Es en este punto donde se vuelve particularmente patente que los Ensayos sobre Hudson no son más que una excusa, en todo caso, no más que una ocasión afortunada que permite vertebrar una mensaje que se nos antoja ya como urgente. La dinámica de nuestra cultura se precipita aceleradamente hacia un abismo de deshumanización y de barbarie, pareciera decírsenos. La inteligencia instrumental, los progresos técnicos, la ultraespecialización disciplinar conjuntamente con la funcionalización de la persona configuran un panorama tenebroso donde se esparce la imagen de lo humano desintegrado. No obstante ello, la crudeza del diagnóstico no deja perder de vista la etiología espiritual, a manera de causalidad profunda, de una decadencia que parece ya irreversible, vislumbrando, sin mucha esperanza, la posibilidad de una terapéutica adecuada a la especificidad de la patología.

Quisimos dejar simplemente constancia de las riquezas de abordajes alternativos y no excluyentes a que se prestan los Ensayos sobre Hudson de Ezequiel Ambrustolo; el lector cuidadoso sabrá encontrar otros muchos e incitantes motivos de reflexión en una obra que, más allá de la prosa cuidada, la palabra clara y la brevedad del conjunto, se encuentra grávida de una gran riqueza e intrínseca complejidad sugestiva. El gusto que nos deja tan bella obra, paradójicamente, es el deseo de abandonar un rato la lectura, contemplar la naturaleza, donde la divinidad tejió con esmero el sagrado vestido superficial de las cosas, vestido que es al mismo tiempo velo, que a un tiempo oculta y manifiesta un símbolo cuyo mensaje no podrá ser contenido en palabras:

No conozco mejor argumentación de porqué siempre es más grato vivir que leer. La de Hudson es una vida dedicada a la lectura del paisaje, consagrada a cantar y salmodiar ese libro de horas infinito que es la naturaleza, el mejor regalo de Dios a los hombres, de un Creador que es, sin dudas, el mejor de todos los poetas.


[1] Esta es la clave del famoso aserto de Francis Bacon: “a la naturaleza se la somete obedeciéndola” esta es, una inteligencia que se eleva hacia el saber, para ejercer el dominio sobre lo natural, desde entonces desnaturalizado por el designio inteligente de su explotador.

2 comentarios:

  1. donde se consigue ese librito? Otro Ezequiel, también escribió sobre Hudson. Martínez Estrada.

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    1. Gracias por la data, Ezequiel. Te dejo el enlace de un blog donde podrás contactarte con el autor del libro reseñado. Un saludo. http://elblogdelamanuense.blogspot.com.ar

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